Escrito por:
Lina Lozano
Leído por Kelly Johana Soto
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El dolor es un ser que está y no está. Sabes que está en alguna parte, pero no sabes dónde hasta que se hace presente. Sabes que no está cuando no se manifiesta. Sabes que espera agazapado su oportunidad.
No sabes: ¿qué es? o ¿cómo es?
Es un animal de muchas patas y tentáculos, de forma redonda y plana, que cambia de forma y tamaño en una metamorfosis que entra al cuerpo apretando las pequeñas patas alrededor de los nervios oculares, creciendo de tal forma que genera una presión insoportable en las piernas, en los tobillos y las pantorrillas, impidiendo la circulación de la sangre y el fluir de los líquidos.
Puede ser un animal gigantesco que se mete dentro de las costillas y genera una presión interna, te oprime todos los órganos y te sientes llena de patas puntudas que puyan las partes sensibles del estómago. De vez en cuando, se mueve de lado a lado, apretando con sus tentáculos los nervios de tu espalda o la parte más delicada de tú baso, comprimiendo por su puesto al páncreas y al hígado, haciéndolos chocar entre sí. Desacomodando peligrosamente toda la colección de piedras apiramidadas y puntudas, que, año tras año y religiosamente, has ido coleccionando en la vesícula.
Es un ente travieso e impredecible que pulula por ahí, esperando el momento menos oportuno para hacerte gritar. Tiene la potestad de afectar negativamente a los órganos, al cerebro, y a todo lo que se atreva a existir donde él habita. Manda y obedece a partes iguales, así que cuando el cuerpo lo necesita, él lo asiste sin dilación, sin reparos y con una eficiencia magnífica.
Y obedece cuando mediante distintos eventos fortuitos, lo invocamos, cortándonos con un cuchillo en la cocina, topándonos con un obstáculo imprevisto en nuestra sala, da justo contra nuestro dedo pequeño, encontrando que nuestra nariz se ajusta perfectamente con esa puerta que no cerraron luego de sacar un plato o un vaso. Y es un instrumento de guerra cuando nuestro cuerpo necesita combatir: es el primer disparo de fusil en un campo de guerra.
Sirve para muchas cosas, especialmente, para desestabilizar lo conocido, nos invita a rendirle culto, a no ignorarle. Así que, si te sale a saludar algún día, agárrale sus patas picudas, sus tentáculos, hazle saber que es un visitante efímero que, en la medida de tus posibilidades, le atenderás para que se esconda pronto.
Miércoles 10 de enero
Son las 2 de la tarde, más o menos, estaba entre el duerme vela y la atención de llamadas que han ingresado hoy a la línea. El duerme vela es en parte por el descontrol de sueño del fin de semana, y en parte por la oportunidad que tengo de reclinar hacia atrás esta silla y sentirme muy cómoda . Una tercera razón, puede ser porque hay mucha pasividad y eso me genera somnolencia.
Tengo un turno de 8 de la mañana a 5 de la tarde, porque me encuentro cubriendo las vacaciones de mi compañera, así que en mi hora del almuerzo me levanto del puesto de trabajo, que está en mi habitación y la pongo en orden, tiendo la cama, acomodo los peluches, lavo el baño y limpio el arenero a los gatos. La siguiente semana tendremos que ir a conseguir uno nuevo porque está roto.
Me tomo un vaso con agua y me vuelvo a acomodar en mi confortable puesto de trabajo, a dormitar y a estar pendiente del ring de teléfono o del aviso de notificación de correo electrónico.
Estando en este periodo de adormecimiento transitorio, mi sobrina me trae mis cubiertos y una servilleta, lo que me indica que ya van a servir el almuerzo, así que acomodo la silla, organizo el escritorio y me preparo para almorzar, lo hago ahí porque ya pasó la hora del almuerzo y no puedo abandonar mi puesto de trabajo. Mi papá me entrega un plato de alverjas con carne picada, papa sudada y en trozos pequeños, algo de verdura y plátano asado.
Está tan caliente que lo dejo reposar un rato y reclino nuevamente la silla, sigo dormitando y deseando almorzar más tarde cuando ya no tenga sueño, tampoco siento hambre. Finalmente, y haciendo todo un ejercicio de fuerza de voluntad, comienzo a cucharear con lentitud los alimentos, terminando primero el plátano, y finalizo con el poco jugo que me queda, pasan 45 minutos después de que todos en la casa terminan de comer.
Para concentrarme mientras almuerzo y no pensar en que no quiero comer, pongo videos de Facebook y hago una pausa para ir a dejar el plato y para bañarme las manos.
Cuando regreso por tercera vez a mi puesto de trabajo no puedo encontrar la posición cómoda de antes del almuerzo, algo no me deja estar tranquila y hace que me mueva de un lado para el otro . Empiezo a sentir un dolor en la espalda media, como entre el omoplato y las costillas, está tomando forma en la parte frontal de mi cuerpo, lo siento t en la parte derecha de mi estómago, entre el esternón y el bazo. Esta dolencia ya es familiar para mí.
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