OBJETOS EN EL TIEMPO
Escrito por:
ORQUÍDEA AZUL
“Telecom une a Colombia” era el eslogan de la empresa colombiana de telecomunicaciones creada en mil novecientos cincuenta y seis en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Su propósito fue integrar bajo una sola entidad la prestación de los servicios de telefonía de larga distancia nacional e internacional, para lo cual había que marcar el cero nueve en llamadas nacionales y el cero, cero, nueve para las internacionales. Dejó de funcionar el doce de junio de dos mil tres.
Esta empresa tuvo a su cargo la instalación y el funcionamiento de los teléfonos públicos, además de la telefonía privada. De los años sesenta a ochenta fueron instaladas cabinas públicas en pueblos y ciudades que se convirtieron en el único medio para llamar a larga distancia e incluso al exterior. Mas adelante, introdujo el servicio de teléfonos de disco en hogares y negocios.
I
En un principio los teléfonos de disco para los hogares fueron de color negro. Eran cuadrados, y el cable que conectaba el auricular al aparato estaba forrado en poliéster; la rueda o disco se ubicaba en la parte superior, tenía diez huecos donde se encontraban los números. Después del cero, había una barrita metálica haciendo las veces de soporte, pues hasta ahí debía llegar el giro de cada número. Entre esa barrita y el número uno, había un espacio de más o menos tres centímetros para que alcanzara a girar el número uno. Cuando necesitaba marcar algún otro número había que esperar que se devolviera para poder marcar el siguiente.
Se movía en el mismo sentido de las manecillas del reloj, también se podía utilizar para meterle un candado que no dejaba circular el disco, por lo tanto, se creía que disminuía el consumo y por ende el pago del servicio, pero no era así porque con los botones donde reposaba la bocina cumplía la misma labor. Esto se hacía pulsando dicho botón las veces que se necesitara, ejemplo, si necesitábamos marcar el número tres, se pulsaba tres veces, y así sucesivamente los números que se necesitaran.
*Los teléfonos públicos de disco estaban dentro de unas cabinas hechas de materiales resistentes. El teléfono era rectangular y grande, ya que la mitad era la alcancía donde recopilaba las monedas para poder llamar.
*El disco estaba en el centro , era metálico y se encontraba metido dentro de una estructura metálica en la que a la parte derecha superior tenía una ranura donde se insertaba la moneda cuando se descolgaba la bocina y sonaba el tono, daba la señal para empezar a digitar el número.
*Debajo del disco, a la derecha, tenía un hueco rectangular con tapita movible, donde caía la moneda cuando no se podía lograr la comunicación.
*Cuando estaba lleno no era posible utilizar el servicio.
*Dichas cabinas estaban construidas con materiales resistentes como en acero o en fibra de vidrio.
II
Tocaba hacer fila para esperar el turno y poder llamar por lo cual aunque no se quisiera en ocasiones nos íbamos enterando de situaciones particulares como cuando alguien llamaba y decía por favor esta Martín , se quedaba callada unos instantes y luego se escuchaba “hola mi amor siempre nos vamos a encontrar a las seis en la cafetería de la veintidós”. ¡Ah bueno mi rey! “Entonces me voy para la casa a ponerme linda para nuestra cita, besitos!
Colgaba, se daba la vuelta hacia la fila y se podía apreciar su cara de felicidad.
Era una mujer de unos treinta años.
En otra ocasión, haciendo fila por demás bastante larga , frente a uno de estos teléfonos que quedaba en la esquina de la parroquia de San Miguel arcángel, recuerdo que cuando yo llegué estaba hablando un señor vestido de overol verde oscuro y botas Punta de Acero. También tenía una cachucha negra que no permitía ver bien su cara, apenas veía sus ojos negros y pestañas largas, colgó rápido y se fue corriendo.
Era una mañana tranquila.
El sol tímidamente se insinuaba entre los árboles, en el aire flotaban olores a incienso, a pan caliente, a perfumes dulces y amargos. Se escuchaban los pitos de los carros.
Los pasos apresurados de algunas personas para alcanzar un bus o un taxi, las campanadas del reloj de la torre de la iglesia marcando las siete.
Le tocaba el turno a la señora Rosa, mi vecina de casa, quien era de baja estatura, tenía sesenta años, de mirada fuerte y ácida , vestida con falda de flores, blusa roja en lana y zapatos anchos de amarrar.
Al cuello llevaba un bolso de cuerda larga de donde iba sacando cada tres minutos la moneda para alimentar el teléfono.
Pasaron dieciocho minutos y la señora no terminaba su llamada, por lo cual nos fuimos impacientando y cuando llevaba la mano para alistar la siguiente, de la parte de atrás apareció alguien que se fue a reclamarle.
“¡Suéltelo que eso no da leche!”, —gritó y todos nos unimos a su petición “si suéltelo” ¡eso es para hablar cosas urgentes! Empezó a hacer mucho ruido, por lo que Rosa le lanzó una mirada explosiva, por lo que ese alguien se fue remangando y la cogió del pelo y empezó a pegarle cachetadas. De pronto en la mano izquierda de mi vecina se vio una navaja avanzando hacia la cara de la persona, yo no supe más de lo que pudo haber pasado porque desaparecí.
En este barrio existían tres teléfonos, quedaban retirados uno del otro, así es que muchas veces para realizar las llamadas los habitantes se unían en grupo, lo que se convertía en un verdadero motivo de encuentro de vecinos para enterarse de los chismes de la feligresía.
En las tardes aparecían adolescentes con pantalones bota campana, pelo largo cargando mochilas, camisas de arandelas, algunos con botas texanas, otros con alpargatas, ellas con minifaldas, blusas de tirantas unas con botas largas, otras con zapatillas de colores fuertes y algo de maquillaje exagerado, incluso algunas llevaban sus cuadernos de estudio porque con la disculpa de que tenían que ir a terminar trabajos para presentar al día siguiente, salían de las casas sin problemas, pero eso si a ellos y ellas se les podía apreciar esas miradas pícaras. Alrededor de las cabinas jugando, haciendo apuestas con las monedas que utilizarían para llamar.
Para usar este teléfono se usaban monedas de diferentes denominaciones: diez, veinte, cincuenta centavos y un peso. Esto fue cambiando a medida que avanzaba el tiempo, para los años noventa aparecieron los teléfonos de botones que además poseían una pantalla en la parte de arriba donde se reflejaban los números marcados y se fue popularizando el uso de tarjetas para realizar las llamadas. La ranura en la que se insertaban las tarjetas, era más grande que la de las monedas.
En fin, el hecho de tener que salir a buscar teléfonos públicos era una diversión o un maltrato según las condiciones climáticas y el afán que se tuviera.
* Gloria Rodríguez escribe con el seudónimo de Orquídea Azul , vive en Bogotá y participa en el taller virtualmente. Sus textos se caracterizan por incluir descripciones detalladas que instalan al lector en escenas domésticas que tienen el poder de con pocas palabras mostrar un gran número de emociones.
El teléfono público surge a raíz de uno de los talleres donde la instructora me pide que hable de uno de los objetos que para esta época se encuentra ya en desuso. Escogí, el teléfono público, pues considero que en él se encuentra encerrado buena parte del desarrollo del país y abriga a varias de las personas que han formado parte de mi existencia y que para hoy ya no se encuentran conmigo.
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