Escrito por:
Luz Dary Roa
Leído por Luz Dary Roa
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Está entre los treinta y los treinta y cinco años de vida. Es una mujer observadora que conoce su presente, pero vive más en su pasado.
Esta mujer siente un apego feroz por sus recuerdos y los objetos que tiene cada persona a su alcance (le aterra la enfermedad de Alzheimer).
Ama la música instrumental, la sinfonía 40 de Mozart, y las canciones que hablan sobre sí mismos, sobre la autenticidad, el amor como fuerza universal y todo lo que edifique a otros.
Para ella no importa si en principio lo que se lee no es exactamente literatura, si estos textos representan una puerta de entrada a ese universo maravilloso.
Su adolescencia estuvo marcada por Cien años de soledad, y el descubrimiento del cuerpo y las emociones propias a la luz de un hombre que se permitió estudiar derecho hasta octavo semestre para abandonar por literatura (ella dijo que estudiaba literatura a sus padres, en este mismo semestre). Esta mujer no se conforma con lo que a simple vista parece imposible, se fija en los pequeños detalles, le gusta que la gente hable para saber cómo piensan, qué piensan, e incluso a quién se ama.
No le gustan las cosas a medio hacer, la música barata y comercial, ni los que se presumen artistas, pero no tienen una pizca de humildad. Se queda con la grandeza que enaltece a las personas cuando se preservan sencillos, cuando no pierden la cabeza, dados los efectos nocivos de la fama.
Ella sabe que en el intento vale la pena salvaguardar a ciertos artistas, que han sabido ser personas en la mal llamada, en ocasiones, cultura pop. En esas canciones que no se conocen del todo, ha encontrado fuerza para continuar luchando.
No le gusta sentirse triste y siempre está buscando una salida para hacerle el quite, así como ella se lo ha hecho a la muerte de todos los que la rodean.
Si esta mujer debe llorar hasta que se acaben las lágrimas lo hará, ¿y a quién le importa?, es un paso más para conseguir lo que se desea, un riesgo que se corre. No cree en cosas superficiales, porque “lo que por agua viene por agua se va”.
Le fastidia la gente estúpida y que tiene una excusa para todo, para ella no hay excusas. Simplemente, se puede o no se puede ser. Le gusta el silencio, aunque la aterra la idea de compartir su vida con la soledad. Detesta el conformismo. No tiene televisor, porque no le interesa que la llenen de mentiras (su vida no es una mentira, se dice), no le gusta el fútbol, el cigarrillo, la cerveza y el vino caro. Le gusta sentir que no es la época en que se escribió 1984.
A ella le gustan las bebidas dulces, aunque sabe bien que cuando tenga 60 se lo van a prohibir.
Su máxima es calidad, no cantidad. Detesta la gente interesada, sin sueños, la gente que está muerta en vida, la sumisión, los jefes explotadores, la mierda que hay en este mundo, nunca lo expresa, pero lo deja ver en medio de la diplomacia.
Sabe que si debe dar un debate y terminarlo antes de tiempo, al no valer la pena el interlocutor que la escucha, lo hace.
Le aterra permanecer ante las cuatro paredes de su casa, mirando la del vecino. Prefiere leer, correr, hacer gimnasia, pero nunca dejarse gobernar por otros o por difíciles que sean las circunstancias. No está de acuerdo con las injusticias contra ningún ser vivo.
Ama las hamburguesas de McDonald’s y las Del Corral, la pasta, los vegetales, la carne, aunque en ocasiones ese amor le signifique retos, el agua, las frutas (que no le pueden faltar), la sopa, y sobre todo, tener un buen amigo al lado. Aun cuando se tengan vacíos los bolsillos.
Es detallista y le encanta; no espera, sino que la gente disfrute dejándose amar y engalanar el corazón. Para ella se entrega todo, o nada. Se arriesga o no. Se está vivo o no. No hay matices salvo, los que guardan las fotos que se toma con la gente, (pero no cualquier gente y, de cualquier forma). Las fotos que se toma se las toma con la gente que preserva su lugar, su sencillez, y que no finge lo que no siente. Dentro de las figuras que admira, están sus maestros, sus padres (no está la policía, el presidente ni los bomberos, a menos que estos últimos sean perros que entran a su vida para salvarla de sí misma).
No está dispuesta a negociar libertad ni placer.
Dentro de sus obsesiones se cuentan las fotografías, aun cuando no las pueda ver, ella sabe ver y lo hace a través de sus manos y los recuerdos, a través del cariño que la gente le ha dado y con el que se viste). Coleccionar libros, sacos del azul del cielo, CD con buena música, cartas escritas a mano, hojas que huelen a Sharpie, esfero y papel viejo. Es obstinada en lo que se propone y esto ha supuesto que cumpla todo lo que se propone aun cuando nadie le crea.
Detesta el bullying por muy simple que parezca; sabe que esta es una práctica que puede dejar más huellas que los golpes físicos. No obstante, sabe que hasta el amor más puro podría hacer que la sola idea desaparezca de las cabezas que se proponen ejecutarlo.
No cambia cátedras de literatura por fiestas, muy a pesar de que le encante bailar, pero no coordine un paso. Ama los niños, los estudiantes jóvenes, por muy locos que puedan parecer hoy, la velocidad, la adrenalina de montar en moto, y la certeza que da el tener en su vida el resplandor de una amistad real.
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