De la tierra al cielo - Texto Exacto
BOGOTÁ, 22 de octubre de 2025.

DE LA TIERRA AL CIELO

Orquídea Azul
Para mi amado hermano, Jorge Darío
Poniendo en orden documentos antiguos de mis padres, en el interior de una de las gavetas del escritorio, al que papá se sentaba a diario, pasando muchas horas, dibujando proyectos para su trabajo de ornamentación, tropecé con una caja, que me causó curiosidad: la cogí en mis manos y la observé, era grande y hecha en madera, tenía forma de corazón y estaba forrada en terciopelo blanco, ya algo deteriorado por el paso del tiempo; conservaba su chapa, en la que estaba marcada la letra J, y debajo de esta, se encontraba la llave. La tomé, la abrí y al hacerlo, se llenó el ambiente de un aroma con notas a vainilla. Su interior, adornado en espuma roja, tenía guardado en una bolsa azul, tejida por mamá, un cuaderno, el cual despertó en mí, más curiosidad que la misma caja. Era un cuaderno de pasta azul, con pocas hojas y con las esquinas de sus portadas dobladas, parte de la pasta estaba rasgada y aún se podían ver rasgos de huellas, como si en él, se hubieran posado muchas manos, lo llevé conmigo, porque ya había llegado el momento de descansar y me dije: mañana lo estudiaré. Hoy, al despertar, me topé en la cama el cuaderno azul. Al hojearlo rápidamente, me di cuenta de que ese cuaderno te perteneció; contiene tus primeras letras y tus primeros dibujos. Veo que aparece varias veces, un sol siempre pintado de naranja y un perro de manchas blancas y cafés, orejas largas, ojos negros. En su mirada se observaban chispas de alegría, mientras tú le acariciabas su lomo. En la hoja inicial, papá colocó una foto tuya, donde estabas vestido con un piyama azul, que se apreciaba de un material suave; calculo que tendrías aproximadamente tres años, tenías los brazos abiertos y una sonrisa amplia, como si esperaras la llegada de algo, prometido por papá. Me pareció nostálgico y curioso, que este cuaderno aún existiera, después de tantos años, Yo fui guardiana de las reliquias, que nuestros padres guardaron de ti; dormí en tu cama cuna, y con el tiempo la convertí en un refugio para mis muñecas; jugué con tus juguetes y vi muchas veces como mi mamá, acariciaba tu ropa y ese viejo muñeco que imagino yo, te gustaba. Era un escuálido muñeco hecho de trapo, un payaso de color verde con negro, que tenía un gorro y un vestido llamativo, y tenía remendado uno de sus brazos; pasó mucho tiempo, antes que desaparecieran todas esas cosas, que te identificaban, tal vez, por el sentimiento de dolor, que causaba tu ausencia, para mis padres, por eso no pudo menos que sorprenderme, la existencia de ese cuaderno. Revisando los recuerdos, que mi madre plantó en mí, y esa vieja reliquia, me he arriesgado, al fin, a escribir esta carta, en la que quiero expresarte mi sentimiento de amor. Decirte que me hubiera gustado conocerte, tener tu presencia física, sentir tu compañía, aunque aprendí que entre tú y yo, existieron varios años de diferencia, pues cuando te fuiste de este plano, yo todavía no aparecía en él; y, aun así, me hubiese encantado, tener recuerdos propios, de nuestra relación de hermanos. A medida que fui creciendo, me hicieron saber que tú, perteneciste a la misma familia, me iba enterando de tu existencia. Pero también, de tu partida temprana, a causa de una infección intestinal y aunque nos llevábamos varios años de diferencia, más de cinco, siempre he sentido que me hubiese gustado que eso no hubiera pasado; lo contrario, deseo que todavía estuvieras conmigo. Haber podido compartir cada una de las etapas de nuestras vidas, con sus aciertos y desaciertos. Disfrutar juntos a nuestros hermanos, a nuestros padres. Tal vez, que tú hubieses sido el motor importante, para la construcción en la vida de la familia. Me gusta pensar en que hubiéramos sido buenos hermanos y amigos. Ya que ¿sabes? Cuando nuestra madre me miraba fijamente, en sus pestañas largas, aparecían algunas lágrimas y con su voz entrecortada por la emoción, decía: ¡Cómo te pareces a Jorge! Recuerdo sus ojos oscuros, con su mirada pícara, también las morisquetas que hacías, al comer y al dormir; y eso que fue gemelo con Enrique, pero bueno, lo mejor es que llegaste, a alegrar la familia. Por esta razón, en esta época de mi vida, donde las cosas no han sido muy fáciles, por diversas razones, como la falta de mis padres, ya hace un buen tiempo. Además de nuestro hermano mayor, quien nos dejó a causa de una grave enfermedad. El cual, fue otro de mis afectos especiales y el deterioro de las relaciones afectivas, con el hermano que aún continúa viviendo. Siento la necesidad de contarte, que me hace ilusión pensar, cómo sería tu fuerza, el apoyo en el que me pudiese haber sostenido en momentos no tan fáciles, cómo hubiesen sido de acertados tus consejos, y tu mano guía, en este tiempo tan convulsionado. Quisiera contar con tu compañía, hasta cuando tengamos la dicha de encontrarnos en ese reino, del cual tú disfrutas.
Con todo mi cariño,
Orquídea azul.
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