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En el Cuaderno | Lecturas Abiertas

En el Cuaderno

Lecturas Abiertas

VOL. 03 • OCTUBRE 2025

Bienvenidos. Un catálogo de objetos en desuso es un hueco en el tiempo, esconde un relato secreto lleno de emociones complejas.

Hoy compartimos con ustedes los textos producidos durante los meses de agosto y septiembre en el taller de escritura “En el cuaderno lecturas abiertas”. Nuestro objetivo es dar a conocer los escritos que se crean y enriquecen en el taller, en un espacio de lectura abierta al público que apoya y acompaña nuestra escritura.

En este número escribimos colectivamente un catálogo de objetos en desuso que marcaron nuestra infancia, adolescencia y juventud. Participan en esta edición Wílmar Aristizábal, Gloria Rodríguez, Edgar Adolfo Vargas, Luz dary Roa, Geovanny Ospina, Gonzalo Barbosa.

Mery Sugey Soto Directora del Taller
Catálogo de Objetos en Desuso

La Esso Candela

Me despertaron sus gritos. —¡Eliminaron a los naranjas! — repetía insistentemente. —¿Qué diablos se está quemando? Preguntaba yo mientras abría puertas y ventanas en medio de la tos y las lágrimas que el humo me arrancaba.

—¡Mierda! Se quemó de nuevo la olla del aguapanela. No te preocupes, —dijo, sin dejar de mirar el programa, vaciando una libra de sal en el fondo oscuro de la olla.

Ella se distraía viendo todas las noches un reality de TV llamado “Desafío siglo XXI”. Los que yo disfruté fueron los programas de los ochenta, Pacheco y El gordo Benjumea animaban “Savariedades”. El ambiente lleno de humo y olores me regresaba cincuenta años en el tiempo, me hacía pensar en la cocina de la abuela que no necesitaba energía para funcionar.

"El humo de leña preservaba la carne sin dañarla y evitaba que la atacaran los gatos o las ratas. Así se reemplazaba la nevera."

La recuerdo mirando al corredor por la ventana, detrás de ella, una columna de humo, vigas de guadua sosteniendo el techo, ennegrecidas por el hollín. Era un fogón de leña con cuatro troneras que vomitaban llamas, gases y pavesas.

Todo esto lo cambió la Esso candela; una estufa a petróleo traída a mediados de 1950 por Esso Colombia para suplir la falta de energía eléctrica. La mañana en que llegó, la casa estaba soleada. El tío llegó abrazando una caja de cartón que tenía en uno de sus lados, en tinta roja, una imagen de la estufa.

La abuela estaba radiante; la estufa le parecía lo más bonito que tenía en su casa. Le había costado una arroba de café de trilla. La compró en la cooperativa de caficultores. Eran los años setenta y tener un fogón de esos daba estatus.

El tío leía una y otra vez el catálogo. Trataba de instalarlas sin éxito hasta que su cara se fue enrojeciendo de la ira. Con timidez, le dije que si me daba monedas, le armaba la estufa. Él me dijo que si no había podido él, que era el más estudiado de la familia, yo tampoco.

Ellos no sabían que “Pintuco” me había enseñado. A mis doce años ya sabía poner un poco de petróleo en el tanque, mojar las mechas y engancharlas. Las puse todas de la misma manera. La abuela, asombrada, subió y bajó la palanca para aumentar la llama.

Esa noche ella fritó en la nueva estufa la carne curada y las tajadas de maduro. Con la llegada de la Esso Candela se consumía menos leña. Pronto llegó la electricidad y el gas propano, dejando a la Esso Candela sin uso y como testigo mudo de la evolución tecnológica en la cocina.

Wilmar Aristizabal escribe bajo el seudónimo de Wavasalda. Vive en Dos Quebradas, Risaralda y participa en el taller de forma virtual. Su relato rescata la memoria sensorial de una tecnología que transformó el hogar campesino colombiano.

EN EL CUADERNO • LECTURAS ABIERTAS • 2025

En el Cuaderno | El Teléfono Público
En el Cuaderno
EDICIÓN ESPECIAL: OBJETOS EN DESUSO
Memorias de Telecom

El teléfono público

“Telecom une a Colombia” era el eslogan de la empresa colombiana de telecomunicaciones creada en mil novecientos cincuenta y seis en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Su propósito fue integrar bajo una sola entidad la prestación de los servicios de telefonía de larga distancia nacional e internacional.

Para lo cual había que marcar el cero nueve en llamadas nacionales y el cero, cero, nueve para las internacionales. Dejó de funcionar el doce de junio de dos mil tres.

Esta empresa tuvo a su cargo la instalación y el funcionamiento de los teléfonos públicos, además de la telefonía privada. De los años sesenta a ochenta fueron instaladas cabinas públicas en pueblos y ciudades que se convirtieron en el único medio para llamar a larga distancia e incluso al exterior.

I

Anatomía del Disco

En un principio los teléfonos de disco para los hogares fueron de color negro. Eran cuadrados, y el cable que conectaba el auricular al aparato estaba forrado en poliéster; la rueda o disco se ubicaba en la parte superior, tenía diez huecos donde se encontraban los números. Cuando necesitaba marcar algún otro número había que esperar que se devolviera para poder marcar el siguiente.

Se movía en el mismo sentido de las manecillas del reloj, también se podía utilizar para meterle un candado que no dejaba circular el disco, por lo tanto, se creía que disminuía el consumo y por ende el pago del servicio, pero no era así porque con los botones donde reposaba la bocina cumplía la misma labor.

Los teléfonos públicos de disco estaban dentro de unas cabinas hechas de materiales resistentes. El teléfono era rectangular y grande, ya que la mitad era la alcancía donde recopilaba las monedas para poder llamar.

II

Tocaba hacer fila para esperar el turno y poder llamar por lo cual aunque no se quisiera en ocasiones nos íbamos enterando de situaciones particulares como cuando alguien llamaba y decía por favor esta Martín , se quedaba callada unos instantes y luego se escuchaba “hola mi amor siempre nos vamos a encontrar a las seis en la cafetería de la veintidós”. ¡Ah bueno mi rey!

En otra ocasión, haciendo fila por demás bastante larga, frente a uno de estos teléfonos que quedaba en la esquina de la parroquia de San Miguel arcángel, recuerdo que cuando yo llegué estaba hablando un señor vestido de overol verde oscuro y botas Punta de Acero. Apenas veía sus ojos negros y pestañas largas, colgó rápido y se fue corriendo.

“¡Suéltelo que eso no da leche!”, gritó alguien desde la fila, rompiendo la paciencia de la mañana.

Le tocaba el turno a la señora Rosa, mi vecina de casa, quien era de baja estatura, tenía sesenta años, de mirada fuerte y ácida, vestida con falda de flores, blusa roja en lana y zapatos anchos de amarrar. Al cuello llevaba un bolso de cuerda larga de donde iba sacando cada tres minutos la moneda para alimentar el teléfono.

Pasaron dieciocho minutos y la señora no terminaba su llamada, por lo cual nos fuimos impacientando. De pronto en la mano izquierda de mi vecina se vio una navaja avanzando hacia la cara de la persona, yo no supe más de lo que pudo haber pasado porque desaparecí.

En este barrio existían tres teléfonos... muchas veces para realizar las llamadas los habitantes se unían en grupo, lo que se convertía en un verdadero motivo de encuentro de vecinos para enterarse de los chismes de la feligresía. En las tardes aparecían adolescentes con pantalones bota campana, pelo largo cargando mochilas, miradas pícaras y algo de maquillaje exagerado.

En fin, el hecho de tener que salir a buscar teléfonos públicos era una diversión o un maltrato según las condiciones climáticas y el afán que se tuviera.

Gloria Rodríguez

Orquídea Azul

Vive en Bogotá y participa en el taller virtualmente. Sus textos se caracterizan por incluir descripciones detalladas que instalan al lector en escenas domésticas que tienen el poder de con pocas palabras mostrar un gran número de emociones.


"El teléfono público surge a raíz de uno de los talleres donde la instructora me pide que hable de uno de los objetos que para esta época se encuentra ya en desuso. Escogí este objeto pues considero que en él se encuentra encerrado buena parte del desarrollo del país y abriga a varias de las personas que han formado parte de mi existencia."

TALLER EN EL CUADERNO • LECTURAS ABIERTAS • 2025
En el Cuaderno | La Grabadora Yamaha MD8
En el Cuaderno
SONOGRAFÍAS & MEMORIA
Objetos en Desuso / Audio

La grabadora Yamaha MD8

Por Edgar Adolfo Vargas

Estábamos en los tiempos del disco compacto. El nuevo formato se ofrecía limpio de ruidos como los causados por las agujas que rozan los surcos en los acetatos. Se hallaba exento de mugre y ralladuras que sonaban en los vinilos como frituras de maíz.

Nos libramos del fondo constante de los casetes en ocasiones más fuerte que la música registrada en ellos. Estas suciedades para el oído no aparecían en los nuevos discos.

Nota del autor: Al destapar el primero que compré vi el sello de la casa disquera... Puse el disco recién comprado allí en la bandeja como la lógica tradicional me lo indicó, es decir, el sello tendría que ir hacia abajo. Pero no sonó. Me había faltado la instrucción de colocarlo al revés.

La nueva tecnología lograba una asepsia difícil de obtener en la realidad. En un concierto de los que asistía regularmente, no faltaban susurros, comentarios en voz baja, toses contagiosas, roses en las telas de los vestidos, chirrear de zapatos. No dejaba de pasar un avión, ni de pitar un camión, ni de cantar el pregonero que ofrecía ventas y servicios.

“Gustav Malher lograba obtener un silencio absoluto antes de iniciar la interpretación... Nadie quería indisponer a este hombre cuyo inmediato superior era el emperador.”

Como un seguidor a la fotografía, me convertí en sonógrafo aficionado. Me acompañaba una grabadora de bolsillo. Siempre buscando la calidad y practicidad a la hora de capturar sonidos fuera en espacios abiertos o cerrados.

CHANNEL_01: GUITAR_L
CHANNEL_02: GUITAR_R
STATUS: READY_TO_RECORD
MEDIA: MINI_DISC_128MB

Una grabadora multipista es un artefacto que permite grabar y reproducir por separado varios instrumentos o voces de manera que es posible controlar el nivel, ecualización y efectos de cada uno independientemente hasta obtener una buena mezcla.

Me decidí adquirir una grabadora digital que funcionaba con un mini disco de ciento veintiocho megabytes. Grababa en ocho canales veinte minutos. Tiempo suficiente para los proyectos que tenía en mente.

Me vi sentado en el improvisado estudio cumpliendo dos funciones, la de músico y la de ingeniero de sonido. Muchos tiempos muertos mientras definí un protocolo. Me sentaba a tocar la guitarra en medio de un enredo de cables, repasaba el pasaje de dificultad, la guardaba en el estuche de nuevo para acercar el micrófono, me sentaba y paraba una y otra vez...

Y cuando ya estaba todo listo, empezaba a grabar. Entonces, solo entonces, timbraba el teléfono, llamaban a la puerta o el vecino accionaba su taladro.

Busqué entre los recuerdos del cuarto de San Alejo y encontré una grabadora. Fue difícil fijar de nuevo mi atención sobre ella por ser una de las cosas inútiles que no he tenido el valor de vender, regalar o botar. Costosa en su momento, ahora está depreciada, no funciona. Mi objeto en desuso esta vez fue la: Grabadora multipista Yamaha MD8.

EA
Escrito por

Edgar Adolfo Vargas

Músico y sonógrafo aficionado. A través de sus crónicas, Edgar captura no solo el sonido de los instrumentos, sino la evolución de los aparatos que nos permitieron, por primera vez, ser dueños de nuestra propia acústica. Este texto forma parte del ejercicio "Cajas de música".
En el Cuaderno • Edición Digital • 2025
En el Cuaderno | La Colección de Animales Marinos
En el Cuaderno
Relatos de Intimidad

La colección de animales marinos

Por Luz Dary Roa

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi a Pato, últimamente todo transcurre con prisas, en medio del día a día, los viajes, el trabajo, la casa, las respuestas a los mensajes… Pero, sí recuerdo la primera vez que nos encontramos en su apartamento.

Era sábado, estábamos libres de las oficinas, de nuestros propios miedos; incluso, de Lila, que muy temprano salía para atender la microempresa de juguetes. Sin embargo, a él, le había encargado una colección de animales marinos, debía ir a su encuentro.

Me gustaba pensar que, en lugar de animales terrestres en casa sobre la mesa, podría verse muy bien un animal del mar. Una vez –cuando aún salía con Fred– lo abracé con la dulzura y el enamoramiento de los veinte y le dije:

— “Amor, mira”. Él la tomó en sus manos y me dijo:
— “¿por qué me trajiste aquello? ¿por qué no la dejaste en su lugar?”

Con el asombro de quien mira por primera vez el cielo y lo encuentra gris, o quien va al mar, y en lugar de peces encuentra una familia muerta en medio del agua, tragué saliva, me quedé callada. Sin saber qué decir, me prometí que nunca olvidaría aquello. Seguí amando en secreto aquellos animales como a un presagio. A Fred lo abandoné después.

“La perfección y lo impecable de aquel apartamento dejó en mí la curiosidad por averiguar si todo era así de perfecto.”

Al llegar, el sensor de la entrada me hacía entrar en otro mundo, el de Pato. Este día él no bajó a recibirme. Antes de salir confirmó que sabría llegar sin problema. Debo confesar que me asombró. Pero para qué iba a reconocerlo si finalmente lo que debía interesarme era la colección de animales marinos.

¿Qué pasaría sí no se abriera?

¿Qué pasaría sí se dañaba?

¿Qué pasaría sí yo quedaba allí encerrada?

¿Vendría Pato por mí? ¿Me rescataría?

La puerta se abrió, di un paso al frente y con la mirada busqué algún rastro de Pato, pero, aquel piso estaba vacío. Quedé abstraída en el pensamiento, cuando de pronto lo vi delante. Mi ser entero fue interrumpido por su abrazo.

Lentamente me acerqué como el robo que no puede evitarse, lo suficiente como para que él sintiera mi proximidad; quiso apartarse, lo tomé de la mano y lo besé. No respondió; yo diría que nunca esperó aquella confesión y la idea de traicionar a Lila lo atormentaba, aunque algo me decía que no más de la cuenta.

No tenía miedo, aunque Pato no pudiera verme, le iba enseñar a abrazarme con la delicadeza con la que solo él sacudía mi corazón y me acariciaba el alma, hacía volar la moral y todo lo que en este mundo han llamado correcto.

Me tomó del cuello y me besó con fuerza mientras sus manos cruzaban las fronteras de un camino que no tenía regreso.

Archivo Universitario | La Brother
Vol. 1983-2000 Crónicas de la Era Mecánica Mecanografía y Literatura
Memorias de un Escribano

La Brother

Por Geovanny Ospina

El golpeteo seco de las teclas sobre la hoja resonaba en contraste con el silencio. Quedaba poco para terminar el informe de lectura de la jornada quinta del Decamerón. Tenía claro que el profesor Atehortúa le daba relevancia tanto a los trabajos escritos como a las exposiciones.

Menos mal tenía aquella vieja máquina de escribir, la había heredado de mis tres hermanos. Una de las teclas estaba floja; no obstante, funcionaba para lo que la requería. Al principio me costó, no tecleaba con habilidad, sino que chuzografiaba como dicen coloquialmente.

Aprendí a conocer esas imperfecciones y salí avante al momento de marcar la H, ya que era la tecla de esta letra la que se hallaba inestable: heridas, fechorías, acechanzas y el humor tuvieron bien puesta la impresión de la letra muda.

"El cuarto era pequeño... la grabadora Silver, el reloj despertador. En las paredes: el poster de Iron Maiden, el tigre siberiano y los héroes escarlatas del América de Cali (1983)."

Una tarde llegó una caja: la ML100. Mi hermano mayor la había mandado desde España. La tecnología nipona entraba en mi habitación. Me pareció un artefacto portentoso.

> DISPOSITIVO DETECTADO: Brother ML100
> ESPECIFICACIONES: Pantalla LCD, Disco de Margarita, Memoria de 65 caracteres, Negrita, Subrayado automático.
> ESTADO: Superior a la "Rimax" de plástico.

Con el pasar de las semanas, mi nueva aliada y yo nos fuimos haciendo populares. Valoraban la pulcritud con que se presentaban los trabajos escritos. El negocio fue buenísimo, aunque me encontré un poco atareado.

Tania

Estética y simpatía. Cabellera rubia como la miel, fragancia Carolina Herrera 212. Ojos juguetones y minifaldas que robaban la atención. Superficial y despreocupada.

Diana

Amiga incondicional. Mirada sincera, tez morena, elegancia de cisne. Fragancia floral y estilo hippie. La que estuvo ahí cuando murió London.

Nos graduamos, y Tania regresó con su antiguo novio. Solo me dijo gracias por todo, y me premió con una sonrisa. Busqué entre muchos a Diana, le hice señas con mi mano derecha para que me viera y le guiñé un ojo.

Por la presión social y tecnológica, fui haciendo a un lado la ML100. El progreso me impulsó a un computador "barrigón" y conexión por banda estrecha.

Conectado a Hi5... Esperando respuesta de Diana vía e-mail_
En el cuaderno - Lecturas abiertas (Edición Completa)

Taller de Escritura Creativa

En el Cuaderno

Lecturas Abiertas

Catálogo de objetos en desuso

Colección de historias de vida

Tercera Lectura abierta al público

Octubre 11 de 2025

Editorial

Bienvenidos

Un catálogo de objetos en desuso es un hueco en el tiempo, esconde un relato secreto lleno de emociones complejas. Hoy compartimos con ustedes los textos producidos durante los meses de agosto y septiembre en el taller de escritura “En el cuaderno lecturas abiertas”. Nuestro objetivo es dar a conocer los escritos que se crean y enriquecen en el taller, en un espacio de lectura abierta al público que apoya y acompaña nuestra escritura.

En este número escribimos colectivamente un catálogo de objetos en desuso que marcaron nuestra infancia, adolescencia y juventud. Participan en esta edición Wílmar Aristizábal, Gloria Rodríguez, Edgar Adolfo Vargas, Luz dary Roa, Geovanny Ospina, Gonzalo Barbosa. Quise además incluir un texto de mi autoría en esta edición.

Mery Sugey Soto

Directora del taller

Wílmar Aristizábal

La Esso Candela

Escrito por Wavasalda

Me despertaron sus gritos. —¡Eliminaron a los naranjas! — repetía insistentemente.

—¿Qué diablos se está quemando? Preguntaba yo mientras abría puertas y ventanas en medio de la tos y las lágrimas que el humo me arrancaba.

—¡Mierda! Se quemó de nuevo la olla del aguapanela. No te preocupes, —dijo, sin dejar de mirar el programa, vaciando una libra de sal en el fondo oscuro de la olla.

Todo esto lo cambió la Esso candela; una estufa a petróleo construida en México en mil novecientos veinte y traída a Colombia, a mediados de mil novecientos cincuenta, por Esso Colombia para suplir la falta de energía eléctrica en muchas regiones del país...

Sobre el autor

Wilmar Aristizabal escribe con el seudónimo de Wavasalda. Vive en Dos Quebradas, Risaralda. Su historia nace de un incidente doméstico donde el humo de la cocina se convirtió en un puente hacia la memoria de su abuela.

Gloria Rodríguez

El teléfono público

Escrito por Orquídea Azul

“Telecom une a Colombia” era el eslogan de la empresa colombiana de telecomunicaciones creada en mil novecientos cincuenta y seis...

Tocaba hacer fila para esperar el turno y poder llamar por lo cual aunque no se quisiera en ocasiones nos íbamos enterando de situaciones particulares...

Gloria Rodríguez (Orquídea Azul)

Sus textos se caracterizan por incluir descripciones detalladas que instalan al lector en escenas domésticas que tienen el poder de mostrar un gran número de emociones.

Edgar Adolfo Vargas

La grabadora Yamaha MD8

Sonógrafo aficionado

Estábamos en los tiempos del disco compacto. El nuevo formato se ofrecía limpio de ruidos como los causados por las agujas que rozan los surcos en los acetatos. Se hallaba exento de mugre y ralladuras que sonaban en los vinilos como frituras de maíz.

Como amante a cualquier afición, empecé a alimentar mi grabadora con cables, micrófonos, audífonos, monitores y demás accesorios periféricos... la falta de visión necesaria en mis ojos para manejar esta grabadora la convirtieron pronto en un aparato obsoleto.

Luz Dary Roa

La colección de animales marinos

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi a Pato, últimamente todo transcurre con prisas, en medio del día a día, los viajes, el trabajo, la casa...

...él era dulce, deseable y yo quería disfrutar lo más que pudiera de esa proximidad suya, lo necesitaba; Seguí recorriendo con mi boca sus labios fríos, apretados, sin respuesta; decidida a apartarme, cuando sus brazos me levantaron en el aire.

Geovanny Ospina

La Brother

El golpeteo seco de las teclas sobre la hoja resonaba en contraste con el silencio. Quedaba poco para terminar el informe de lectura de la jornada quinta del Decamerón. Tenía claro que el profesor Atehortúa le daba relevancia tanto a los trabajos escritos como a las exposiciones.

La promesa de cambiar la vetusta máquina por una moderna, venía canturreándose por la casa desde hace un par de años... Solía quedarme hasta cierta hora de la noche adelantando trabajos para la universidad, concentrado cual concertista en su piano, movía mis dedos con obsesión sobre el artilugio de metal.

Tania era estética y simpatía en una sola chica. Su lacia cabellera rubia le caía hasta arriba de la cintura, como la miel desciende hacia el postre que habría de endulzar. Su ser exhalaba Carolina Herrera doscientos diez y seis...

Abrí una cuenta en Hi5 para mantener el contacto con las amistades. Escribo sin afanes y espero que Diana dé una respuesta a mi e-mail.

Mery Sugey Soto

Las cigarreras con caja musical

Lo que me hizo conservarla después de empacar sus miniaturas en periódico fue el dibujo de la mujer japonesa que hay en la tapa. Yo jugué tanto de niña con esa caja pitillera que mi tía un día de Halloween me disfrazó de japonesa.

...Ella la trató como un adorno. Puede ser que se lo hubiera regalado alguien que sabía que le gustaban las cajas de música, las coleccionaba, aunque desaparecían de su repisa porque mi abuela las convertía una por una, en orden de llegada, en costureros.

Richard Clayderman era el verdadero ángel: rubio, de ojos azules y en las portadas de los cassettes aparecía sentado en el piano mirando por su perfil derecho haciendo una mirada cómplice.

Gonzalo Barbosa

¿Quién soy yo?

Listo para salir a la oficina, ajusto el nudo de la corbata, que debe estar en su lugar, apago el radio después de escuchar los titulares en las noticias, guardo las llaves y reviso si mi teléfono tiene algunas notificaciones.

Ya en las instalaciones de la empresa de comunicaciones, ingreso por una puerta de vidrio... es un espacio amplio y bien iluminado. Se escuchan en el fondo timbres de turnos y murmullos.

Me solicita el documento de nuevo para contrastar y una vez más el procedimiento falla... me llama al extremo de la oficina a un escritorio cerrado para tomar mis huellas de manera tradicional.

© 2025 Catálogo de objetos en desuso | Taller "En el cuaderno"

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