Escrito por:
Gonzalo Barbosa
Leído por Juan David Fernández
Audio
Disfrutaba el triunfo de hallar un asiento libre y con vista a la calle, eso sí, después de ganárselo con habilidad a una señora regordeta que intentó tomarlo, estaba de regreso a casa, hambriento, cansado y tratando de olvidar todo lo que quedo pendiente en el trabajo, en un bus, rugiente como un viejo león, donde el tiempo se escondía entre las piezas DE su coraza compuesta de placas de acero, vidrios tubos y cauchos.
entendí que Escuchar música en los buses, aparentemente una actividad trivial, esconde algo más , pues a mi parecer cuando se va inmerso en el tráfico , es el momento en donde se reflexiona sobre nuestras decisiones , buenas o malas, se planea el futuro y se be uno en la gente que está parada o sentada alrededor, como la pareja que va discutiendo tras la silla, o el niño que reclama a mamá recordándonos tiempos pasados, y si a la vez, se está atravesando por una decepción amorosa, tenga la certeza, todas las letras caerán como descripciones hechas a la medida de su tristeza.
Aquí sentado , con el fondo musical de este recinto rodante ,, no entiendo como las canciones más melancólicas, son las que cantan las personas cuando están arriba de la euforia a causa del alcohol, para después de caer en el llanto cuando en la fiesta o la disco el DJ enciende las luces, revelando a algunos que lloran, otros pactando el próximo encuentro o si tuvo suerte se está con el romance producto de la conquista nocturna , cosa que ya sabemos cómo va a terminar según la canción de fondo.
Yo también tuve mi florecita roquera, o caí en algún sortilegio, regalé imitaciones de collares de
perlas finas, pasó por mi vida alguna reina, encontré una mariposa traicionera para llorar una flaca.
Sí, flacas, o mariposas que revolotean, mujeres de aspecto atrevido, con su mirada interesante y fresca, que atrapa pero no retiene a nadie, que lo desafía a uno a ganar su corazón, como aquella chica que está en la parte de adelante del bus, bien sentada, cómoda y tranquila, mientras su pretendiente de turno, esta de pie, colgado del tubo, haciendo acrobacias para no caerse, llevando su bolso y tratando de guardar con la mano libre el cambio de los pasajes que acaba de pagar y por supuesto, ella no aportó, ese era yo del pasado, hipnotizado por el aroma floral de su cabellera, poniendo alguna conversación interesante que no le permita reflexionar por qué?, ella va en transporte público y no en un carro de lujo como el que va a nuestro lado, conducido por un hombre mucho más atractivo, y que además no lleva afán, aumentando esto su elegancia, comprendiendo que siempre “billetera mata Galan”, como decían mis compañeras de la U
Al otro lado del gigante que nos lleva en su lomo metálico,, una pareja joven, que sin duda alguna ya conviven, discuten por las cuentas, de los planes que están pendientes y de los vaticinios que hacia la suegra, ante el futuro que prometía ese estudiante de leyes que no tenía ni para las fotocopias, pero que si estaba pleno de voluntad y entusiasmo por salir adelante, allí también me vi reflejado, como cuando le prometí a mi novia, que pronto la recogería en mi cacharrito, que aunque no fuera un furioso F1, si nos llevaría a las afueras de la ciudad a comer postre el fin de semana.
El niño que lloraba al inicio del recorrido, ya no se oye, sólo alcanzo a escuchar a su mamá, decirle que el próximo domingo vendrán al circo que se anuncia sobre la avenida en la que transitamos, y donde el pasto de corte que sirve de piso y alimento a algunos de los animales del espectáculo, invade con su olor combinado con el del Diesel quemado el aire de nuestro entorno, mientras la música de la taquilla combate con nuestro vallenato, que sale por los parlantes desbaratados de la radio mal sintonizada.
Hago mis cuentas, ya completé la cuota inicial, más el préstamo, me alcanza para el carrito usado, tan recomendado por la revista de autos, que se encuentra en el mercado, y que parece ser una elección acertada, ya no escucharé lo que el conductor quiera, si no lo que yo decida poner, eso sí, mientras mi princesa, no me obligue a seguir la letra de Mana, que, aunque de tonos de -rock, no deja de ser romanticona.
A lo lejos, las nubes grises anuncian de seguro un aguacero de grandes magnitudes. A mí, me falta camino por recorrer, y cuando llegue al paradero, no podré escampar. Ahora a mi lado una mujer joven, con un niño de brazos, se paran al costado, como una obra de teatro bien ensayada, el bebé llora, agita el tetero, el bus frena y la viejita que comparte mi silla, tose y al parecer sin intención, me codea, reniego para mis adentros, y con una sonrisa de lo más fingida, le miro diciéndole: –“Mi señora, por favor, siéntese y lleve al niño bien comodito”. En este punto el galán pobre y yo, compartimos escenario, los dos, en el pasillo nos miramos y sin saber por qué, nos saludamos con una media sonrisa, como diciéndonos: –“ve como somos de tontos y caballeros”, no conozco mujer, que alguna vez en su vida no haya tenido la oportunidad de escoger, o al menos presenciar como dos hombres compiten por su corazón.
El próximo domingo, visitaré la feria comercial de carros, ya tengo a mis asesores listos, un grupo de amigos, que me acompañarán a revisar el vehículo , y de paso a chismosear, que lo escogido sea más cercano a mis posibilidades y sueños, lo hemos conversado muchas veces, nuestras novias ya también protestan por el tema, que para ellas no tiene la mas mínima importancia, que si la marca, que si tiene reventa, que si se lo roban, que es de hombre joven o de señor, que si consume, y demás cosas que repetimos. Pero eso sí, sin duda, el asiento del copiloto ya está escriturado.
El claxon de otro vehículo me devuelve a la realidad, y veo cómo nuestro chofer evade con habilidad un perro aterrorizado, no es de calle, porque conserva un collar rosa de supongo que su propietaria. Aquí me pregunto ¿será que poseo las mismas habilidades de piloto y mecánico, tan necesarias para sortear los retos de un país en desarrollo, donde sus carreteras pueden ser recorridas con trucos tan creativos, como lavar el parabrisas con champú de bebés para no empañarse en la niebla, o reemplazar la correa del ventilador con una media velada, cosas que mi papá aplicó cuando yo era niño.
Alcanzo el timbre y doy la nota final, esa que faltaba en la melodía de la CANCIÓN de bus, para dar la salida de esta pasarela, de este escenario donde los sueños pasan de paradero en paradero, me preparo para el salto, y no es a la fama, sino a la acera, veo mi sueño parqueado en el garaje de una casa al otro lado de la avenida y suspirando tomo rumbo a mi casa que ya está a dos cuadras a pie.
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